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    LA REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE CAZA INFORMA

¿QUÉ ESTÁN HACIENDO CON EL ÁGUILA IMPERIAL?

Las noticias sobre muertes de ejemplares de especies protegidas en grave riesgo de extinción se siguen produciendo con demasiada frecuencia en los últimos tiempos y cobran amplia relevancia en los medios de comunicación. Cuando no se trata de linces son las águilas imperiales las que toman ese no deseado protagonismo. Y, mientras tanto, nadie parece querer afrontar una situación que nos avoca a una crónica de una muerte anunciada: la desaparición de especies tan emblemáticas como las mencionadas.

En esta Real Federación Española de Caza hemos recibido con preocupación tanto las noticias de muertes de linces como la más reciente de que dos crías de águila imperial habían muerto en Andalucía, y lo que es más grave, desde diversos medios se achacaba el hecho a la colocación de arneses y radiotransmisores de gran tamaño en crías con sólo cincuenta días, lo que a juicio de los expertos provoca malformaciones físicas en los animales, mermando su posibilidades de supervivencia. Desde el ámbito federativo ya denunciamos hace tiempo esta situación, con una serie de artículos en los que se daba cuenta del uso de arneses en las águilas imperiales, con unos artilugios desfasados y que en bastantes ocasiones han sido los causantes o han propiciado las muertes.

En el año 2000, a cargo de la comisión de cetrería de la FAC, publicamos varios artículos de este tema que tuvieron una gran repercusión popular entre los cazadores y los medios conservacionistas, pero al parecer la denuncia no causó efecto, ya que se siguen produciendo los mismos y lamentables hechos.

Entonces ya se decía que cualquier ave de presa que ha terminado su crecimiento y que se encuentra a punto de dejar el nido tiene aún que desarrollar capacidad pulmonar y muscular, lo que implica una lógica amplitud de tórax y el consiguiente incremento de peso. Este proceso, en el que los ejemplares como consecuencia de los vuelos de persecución se desarrollan físicamente, comprende periodos de tiempo que oscilan entre seis meses y un año. Las águilas imperiales no son una excepción a esta regla. ¿Cómo resuelve este incremento de peso los señores que ponen arneses a las imperiales? Si se lo ajustan al cuerpo a la edad de sesenta días, cuando el ave termine su desarrollo se encontrará con rozaduras y un aprisionamiento que terminará matándola con toda seguridad, y si por el contrario se le deja el arnés holgado, se corre el riesgo de que más tarde o más temprano se enganchen en una rama y corran el mismo fin. Sería muy interesante -decíamos entonces y todavía no hemos tenido respuesta- que explicasen a la opinión pública como lo hacen.

En un diario de Sevilla se recogen las declaraciones del responsable del proyecto de recuperación Agustín Madero, que aduce que era previsible que se produjeran estas muertes ya que la mortalidad juvenil en las rapaces alcanza el sesenta por ciento antes de cumplirse los seis meses de vida. La especie soporta esa mortalidad, agregó también. Por esa regla de tres, nadie que le quitase la vida a un águila imperial en ese plazo tendría responsabilidades. Debiera aclararse que la mayor tasa de mortalidad se produce en las grandes águilas cuando son recién nacidas, y que teóricamente, según el proyecto de la Junta que dirige Miguel Ferrer era el momento previsto para el desnide de ejemplares, pero sin embargo se desnidaron con 70 días y ya vestidos, con los que eran ya presumiblemente supervivientes de la primera y peor fase de mortandad de la vida de un águila.

Lo lamentable, es que por una causa u otra, por improvisación o por desidia, por falta de conocimientos o por circunstancias imprevisibles, el águila imperial sigue estando en un momento lamentable, como una de las especies en mayor riesgo de extinción y sin que se logre poner fin a la sangría de las mortandades. Los cazadores, también en este caso, como en el del lince, ofrecemos nuestra colaboración, nuestras áreas de caza y todos los medios que están a nuestro alcance para intentar que se logre esa ansiada recuperación de las poblaciones de águila imperial en nuestro país y que no se llegue al caso del lince, donde ya los máximos expertos, en un reciente seminario internacional celebrado en Andújar, concluyen que el riesgo de desaparición del felino es muy elevado y exigen la cría en cautividad antes de su extinción total.