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| Canal Fauna ·· Investigación ·· Vacunas conejo |
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El conejo de monte juega un papel ecológico de primer orden en los
ecosistemas mediterráneos ibéricos. Se han contabilizado más de 40
depredadores habituales del conejo (Delibes e Hiraldo, 1981). Entre ellos
destacan el lince ibérico (Lynx pardina) y el águila imperial (Aquila
adalberti), ambos endémicos de la península Ibérica y en grave riesgo de
extinción. El lince ibérico es considerado
el felino más amenazado del mundo por
la Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza (UICN).
En los últimos años la Unión Europea ha
destinado más de 500 millones de
pesetas en proyectos de conservación
del lince a través de fondos Life. Los
estudios encaminados a identificar los
problemas de conservación de la
especie coinciden en señalar la reducción de las poblaciones de conejos,
debida a los efectos de la mixomatosis y la RHD, como una de las
principales amenazas (Delibes y cols. 1998). Desde la irrupción de la
mixomatosis en España en 1953 el número de linces ha descendido en un
80% y su área de distribución ha quedado reducida a un 2% del territorio
peninsular. El problema se intenta paliar mediante repoblaciones de
conejos en zonas linceras, pero en ocasiones las repoblaciones
incontroladas son la causa de introducción de enfermedades (Villafuerte y
cols. 1995). Por su parte el águila imperial, de la que apenas quedan unos
300 ejemplares de acuerdo a los últimos censos, también basa su
alimentación fundamentalmente en el conejo. Otras rapaces afectadas
son el águila real, el águila perdicera el búho real y el buitre negro.
El descenso de las poblaciones de conejos incide además de forma indirecta
sobre las poblaciones de otras especies de herbívoros de ritmo
reproductivo más lento como la liebre, la perdiz o la codorniz, que
durante los últimos años han visto incrementada la presión por parte de
depredadores y cazadores.
Otro papel ecológico importante del conejo es
su implicación en la regulación de la
dinámica vegetal de su entorno
natural y el de las numerosas
especies que dependen de él. Desde
el punto de vista cinegético, el
conejo constituye la principal pieza
de caza en España. La caza del
conejo es practicada
tradicionalmente por aproximadamente el 50% de los más de 1,5
millones de cazadores con licencia.
Dos enfermedades víricas, la mixomatosis y la Enfermedad vírica
hemorrágica del conejo (RHDV), están afectando de forma grave a las
poblaciones de conejos. Existen vacunas comerciales que ofrecen buenos
resultados en explotaciones de conejo doméstico (Argüello, 1986; 1991).
Sin embargo, dichas vacunas resultan ineficaces en las poblaciones de
conejo de monte, ya que requieren una administración individualizada
mediante prácticas veterinarias convencionales (inoculación), lo que las
convierte en inviables para su aplicación a la fauna silvestre. El interés de
disponer de vacunas eficaces frente a ambas enfermedades, que
permitan proteger a las poblaciones
silvestres deriva de la importancia
ecológica y cinegética que el conejo tiene
en España. Considerando todo lo anterior,
en 1996 un convenio de la Federación
Española de Caza y el Instituto Nacional
de Investigación y Tecnología Agraria y
Alimentaría (INIA) permitió iniciar un
proyecto de investigación encaminado al
desarrollo de una nueva estrategia para la
inmunización simultánea de conejos
silvestres frente a la mixomatosis y la RHD.
La estrategia está basada en el desarrollo
de una vacuna viva capaz de transmitirse
entre las poblaciones de conejos. Para ello se ha construido por ingeniería
genética un virus recombinante mixoma-RHDV capaz de transmitirse
horizontalmente entre conejos por contacto directo conejo-conejo o
mediante vectores naturales como los mosquitos y las pulgas. La
estrategia en esencia consistiría en la noculación directa del virus
recombinante a un pequeño número de conejos capturados, que
posteriormente serían liberados y eventualmente transmitirían el virus
vacunal a una fracción suficientemente grande de la población como para
reducir la incidencia de la mixomatosis y la RHD.
Este proyecto ha sido coordinado por el Dr.
Sánchez-Vizcaíno y ha sido desarrollado en
su mayor parte en el CISA-INIA,
participando los siguientes investigadores:
Juan María Torres, Rafael Blasco, Juan
Bárcena, Miguel Angel Ramírez, Mónica
Morales y Carmen Sánchez. Este proyecto
ha contado además con la colaboración de
otros investigadores externos al INIA como:
Francisco Parra (Universidad de Oviedo),
Javier Lucientes (Universidad de Zaragoza)
y Albert Pagès (laboratorios HIPRA).
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