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Repercusión socioeconómica de la actividad cinegética.
Afortunadamente, cada vez cobra más importancia el reconocimiento explícito de la caza como
parte del engranaje económico de un país, con todas las evidentes
repercusiones sociales que ello comporta, y su influencia en la actividad
industrial, turística, agrícola y ganadera, así como en el empleo.
Por ello, es imprescindible que un estudio serio y con base documental
suficiente dé los datos reales de los que supone la caza para nuestra
actividad económica nacional.
La caza y el ser humano, unidos desde
la noche de los tiempos, han ido recorriendo juntos un largo camino
histórico hasta llegar al momento actual, manteniendo su vínculo ancestral
en perfectas condiciones y con plena vigencia. No obstante, esta relación
ha evolucionado a lo largo de milenios, siglos y años, incorporando
connotaciones propias de cada época o etapa. Por eso, si en un principio,
y hasta no hace muchos años, la actividad cinegética resultaba vital
para la subsistencia del hombre, hoy en día la situación ha cambiado,
pasando en la mayoría de los lugares a convertirse en una acción felicitaria
con un gran componente de ocio y con la consiguiente repercusión económica.
Se hace necesario, por tanto, el reconocimiento de la caza como un
importante sector productivo. En el caso concreto de España, al no
disponerse de datos que evalúen la realidad última, es preciso un
estudio que analice una actividad en la que se estima un movimiento
aproximado de medio billón de pesetas al año.
Las cifras se mueven en un arco tan amplio que no es extraño que mientras en algunos sectores
se hable de que se generan en torno a la caza unos trescientos mil
millones de pesetas en otros se va hasta superar ampliamente ese medio
billón, que parece ser, quizás por redondear, la cantidad que más
se repite en las informaciones que en relación con este tema aparecen
periodicamente.
Desde hace unos años, en diversos foros y estamentos,
se ha insistido en que era el momento de poner al día las cuentas,
de fijar en pesetas lo que aporta el mundo que rodea la caza. Ahora
ya tendremos que hacerlo en euros. En el Congreso de la Caza celebrado
en Galicia, en donde se adoptaron una serie de importantes conclusiones,
se recogió una ponencia que abogaba por un pacto entre Administración
Central, Administraciones autonómicas, representantes de los cazadores
y de todos los sectores económicos relacionados con la caza para elaborar
una especie de libro blanco en el que se recogiesen todos los parámetros
relacionados con la socioeconomía de la caza.
Despues, otras iniciativas
públicas y privadas y el trabajo de una serie de personas y entidades
han llevado a que, por fin, surgiese una iniciativa parlamentaria
en las filas del Partido Popular, que esperamos se materialice en
un plazo de tiempo no demasiado largo. Así, la FEC ha apoyado también
esa iniciativa parlamentaria en el Congreso para llevar adelante una
proposición no de ley acerca de la configuración de un estudio sobre
el sector cinegético y su consideración en el desarrollo del medio
rural, por entender que el conocimiento de la verdadera repercusión
socioeconómica de la caza en España puede suponer una ayuda de cara
a lograr un futuro mejor para la venatoria en nuestro país.
Salir del segundo plano
Como resaltan los expertos, resulta curioso que, a pesar de generar más riqueza que otras actividades propias del sector
primario, la caza no se ve favorecida ni apoyada por la Administración.
Además, el sistema de contabilidad y estadística no computa la generación
de recursos de la economía de la caza, lo que conduce a una ausencia
de consideración como economía activa. El resultado de todo esto hace
que la venatoria, bien tomada como parte de la producción agraria,
contemplada como un recurso forestal no maderable o como base territorial
esencial para el mantenimiento y conservación de unos ecosistemas
naturales escasamente alterados y de alto valor natural, no participe
de los instrumentos de apoyo que conlleva cada una de estas importantes
políticas. Así pues, es de fundamental relevancia la consecución del
estudio antes mencionado para que la cinegética salga, de una vez
por todas, del segundo plano en que se encuentra situada.
Generación de empleo directo e indirecto
Se estima en torno a 150.000 el número
de puestos de trabajo, ya sean directos o indirectos, que arroja esta
actividad económica, la mayoría de ellos en un medio tan desfavorecido
y castigado como el rural en zonas deprimidas, en las que la caza
se configura como una de las más importantes opciones de generación
de empleo. A pesar de ello, no participa de los programas y medidas
de carácter económico que los gobiernos fomentan para contribuir a
sus políticas en esta materia. Volvemos en este punto a insistir en
la necesidad de llevar a buen puerto el estudio sobre el sector cinegético,
de forma que no sólo se mantenga, sino que aumente, la cifra de los
mismos cazadores, de guardas de campo y de caza, celadores, guardeses,
guías, ojeadores, cuidadores de perros, rehaleros, secretarios, postores,
hosteleros, restauradores, armeros, cartucheros, taxidermistas, criadores
de perros, adiestradores, veterinarios, biólogos, ingenieros de montes,
productores de especies cinegéticas, gestores de fincas, técnicos,
operarios de infraestructuras y servicios cinegéticos, carniceros,
chacineros, fabricantes de ropas y complementos de caza, guarnicioneros
y un largo etcétera. Sin olvidar otros muchos sectores que dependen
indirectamente de nuestra afición por la caza: transportes públicos,
coches, otros vehículos, remolques, bares, restaurantes, hoteles y
otros establecimientos turísticos, agencias de viaje…
Ayuda al turismo y aspectos sociales
Porque precisamente un sector esencial en la economía
española es el turismo, resultando la caza un complemento ideal y
casi exclusivo en zonas menos favorecidas y en unas épocas en absoluto
incompatibles con el periodo vacacional veraniego. Además, el medio
rural donde se lleva a cabo la caza está sufriendo un alarmante despoblamiento
y envejecimiento. La caza como elemento de cohesión social puede contribuir
a frenar esta tendencia, lo cual estaría en consonancia con uno de
los objetivos básicos de la Agenda 2000, que quiere evitar la emigración
y el abandono de las áreas rurales desarrollando iniciativas de actividad
que inviertan la coyuntura actual.
Como señalaba recientemente uno
de los más conocidos expertos en este tema, Enrique Valero, la economía
que genera la caza ha de ser respetada, estimulada en el mantenimiento
de sus territorios y animada en la continuidad de gestión generadora
de cultura, recursos económicos y valores naturales. Por ello, los
cazadores esperamos con impaciencia que ese estudio sobre la economía
de la caza, nacido a partir de la iniciativa parlamentaria que antes
citábamos y de la que el diputado Teófilo de Luis ha sido principal
valedor, para responder a la inquietud e interés que este tema genera,
sea pronto una realidad en la que podamos ver reflejado todo eso de
lo que hablamos, pero no como hasta ahora con estimaciones más o menos
voluntaristas, sino de forma claramente cuantificable y valorable,
no sólo por nosotros sino por el conjunto de la sociedad.
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