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SEPRONAZOS

Sepronazos, leñazos, multazos, latigazos, patinazos. Solamente así se pueda calificar la actuación que desde hace ya más de un año y medio se viene repitiendo, por parte de una pareja del Seprona, contra los cazadores de la comarca vallisoletana de Medina de Rioseco.

Cuando aún están en el aire los ecos de la I Reunión del Convenio de colaboración entre el Seprona y la consejería de Medio Ambiente celebrada en Valladolid, "la gota ha colmado el vaso", tras la denuncia que ha recibido el Agente Forestal de la Junta de Castilla y León, que estuvo encargado de velar por la seguridad en la montería celebrada en el monte de La Santa Espina, el pasado día 9 de febrero.

El motivo de la denuncia, según ha podido saber el Diario EL MUNDO, es que el citado agente "carecía de autorización para celebrar una montería en un vedado de caza de la Junta de Castilla y León", incumpliendo por lo tanto, el artículo 71.1 de la Ley de caza de Castilla y León, que es el que prohibe cazar a ningún agente durante el ejercicio de sus funciones.

Ahora vendrá el dilema de saber a quien se cree, si al Agente- que además goza de un reconocidísimo prestigio en Valladolid-, y que lo único que hizo, según su versión, fue soltar los perros de las rehalas en la citada zona para que estos comenzaran a batir el monte, o a la pareja actuante del Seprona, que ya ha sido triste protagonista en algún medio de comunicación por su manera tan especial de actuar.

La revista Trofeo Caza -Abril de 2002-, en una carta dirigida al director, por la directiva del coto de Tordehumos, ya daba una ligera idea de la forma de proceder contra los cazadores de dicho coto, por que estos le negaron unas tarjetas de invitación para poder cazar gratis. Como la negativa al trueque fue pertinaz, los guardias en cuestión procedían a la identificación de los cazadores, sus vehículos y sus morrales, domingo sí, domingo también hasta que, cansados estos de tanto trajín, decidieron grabar con una cámara de vídeo todo el proceso de identificación, que algún día se realizó por partida doble.

Una posterior carta al Delegado del Gobierno de Castilla y León, y varias a los medios de comunicación denunciando esta situación aplacó, de momento, el exceso de celo de estos agentes que, en absoluto dicen nada a favor de la Institución a la que representan.

Leonardo de la Fuente
El Mundo de Castilla y León