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EL DINERO DE LA CAZA

Todo apunta a que la caza genera al año por encima de 1.800 millones de euros, (300.000 millones de pesetas). Conoceremos el dato en breve ya que el Gobierno ultima un trabajo para calcular el flujo económico y ocupacional inducido por la caza. El estudio que maneja el grupo parlamentario popular en el Congreso interesa darlo a conocer para que esa parte de la sociedad no cazadora conozca la importancia económica del sector. El trabajo, lo que de él se conoce, es riguroso y busca el montante total con las cantidades inducidas por los principales subsectores -quince se manejan- que lo conforman o influyen. En cualquier caso, la caza siempre ocultará una sustanciosa partida de dinero negro que será muy difícil aflorar.

Hubo un trabajo oficial sobre el dinero generado por la caza muy citado en los medios afines -me refiero al estudio que Metraseis realizó en 1983 y que fue publicado en 1987 por la Secretaría General de Turismo- que calculaba que la contribución de la actividad cinegética a la generación de renta, en pesetas de 1985, era de algo más de 79.000 millones y preveía que para 1990 sería de 110.000 millones. El cálculo de 1985 se hizo estimando la caza de 51.207 reses que es la quinta parte de las que hoy se capturan. Después ha habido cálculos que hablaban de cantidades entre 200.000 y 300.000 millones, como la estimación de la Federación española de Caza realizada en 1995 sobre la base de 3.770 cazadores encuestados, que extrapolando suponía una aportación de renta por los cazadores de más de 202.000 millones. El dato nacido y publicado durante el I Congreso de la Caza de Galicia de 1999 hablaba de 500.000 millones de pesetas.

La caza tiene enrolados actualmente a un millón largo de cazadores que captan varios millones de especies de caza menor y 250.000 reses, según las estadísticas que cada año hace la Escuela de Caza, sobre la base de los datos que remiten las consejerías afectas de las 17 comunidades autónomas. Estadísticas de capturas utilizadas en los trabajos del estudio que elabora el Gobierno.

Muchos cazadores manejan como argumento principal, y casi único, para justificar las bondades de la caza, el poder generador de renta de la actividad y su capacidad de empleo. Aunque sea un argumento nada desdeñable, son las bondades de la caza racional por su legitimidad y especialmente por su beneficiosa incidencia sobre el medio natural, las bases fundamentales que hacen que la caza sea necesaria y por lo tanto, recomendable.

La legitimidad del ejercicio deportivo de la caza está amparada por la Constitución. No podía ser menos ese derecho a cazar ya que es una condición innata en el ser humano, pues durante el 99% de su presencia en la tierra ha sido necesariamente cazador. Desde el 'homo antecessor' descubierto en Atapuerca, con antigüedad entre ochocientos a un millón de años, hasta nuestros días, sólo ha podido dejar de cazar los últimos 10.000 años, cuando empezó a manejar el fuego y cocer los alimentos para hacerlos digeribles; aprendió a domesticar a las primeras cabras y a sazonar el pescado, con lo que aseguraba la ingesta proteínica. Los otros 990.000 años, obligado como carnívoro, necesitó cazar para vivir.

Independientemente de que lo practiquemos, o tengamos al pescador y al ganadero para que nos cacen por encargo, todo ser humano tiene en su código genético la condición de cazador. Y algunos, con todo el derecho que nos asiste, seguimos ejerciendo legalmente esa actividad, nos damos un baño de naturaleza con absoluto respeto hacia la misma, ejercitamos y pagamos el derecho al ocio y nos debe dar lo mismo el dinero que genere.

Por imperativo de subsistencia la caza hoy no sería necesaria. Las bondades de la caza están en el dato, totalmente contrastado, de que muchos hábitats genuinos se han conservado con sus valores ecológicos y no se han roturado y rendido ante la presión agrícola y ganadera, porque en ellos se cazaba. Algunas especies cinegéticas y sus predadores específicos podrán ser recuperados (conejo y lince...) gracias a la caza. La caza controlada selecciona las poblaciones y mantiene a los mejor dotados. Pero, aparte de sus virtudes, la caza es imprescindible para controlar el número de individuos y remitir los daños producidos por los animales a la flora, a la agricultura, a la fauna y a las personas. Si además de lo dicho, la caza sostiene miles de empleos, principalmente en zonas deprimidas, y genera esos miles de millones de euros, no es extraño que se recomiende en las directivas europeas (Resolución 882/1987) y por todos los poderes públicos. Tampoco es, que los que nos beneficiamos de la actividad, practicantes y destinatarios del dinero, defendamos la caza ordenada, algunas veces con excesiva pasión, tal y como si nos fuera la vida en ello.



José Luis Garrido
Director de la Escuela Española de Caza