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PROTEGERNOS LOS OJOS
Cada año son muchos los ojos que se dañan o se pierden en accidentes de caza. A pesar de que ésta es una de las partes más sensibles de nuestro cuerpo, seguimos descuidando su seguridad y, por supuesto, seguimos pagando sus consecuencias.
Hoy día, el mercado ofrece a cazadores en particular y a todos aquellos que practiquen deporte con armas de fuego, la posibilidad real de proteger los ojos de una forma sencilla y estéticamente correcta y razonable. Se trata de unas gafas parecidas a las que utilizan los profesionales de diversos oficios, como soldadores, ferrallas o fontaneros, diseñadas de tal forma y manera que no sólo protegen los ojos sino que también todo su entorno, con unas patillas reforzadas en los lados que impiden el acceso al ojo por este extremo.
Estas gafas están fabricadas con policarbonato con una mezcla de materiales sintéticos de alta resistencia a los impactos violentos. Este es el material más indicado para estos casos, aunque lo verdaderamente importante es la homologación por parte de las autoridades.
Los colores y tonalidades en que podemos encontrar estas gafas pueden variar según las condiciones climatológicas en que las queramos usar. Así, las gafas transparentes están indicadas para todo tiempo y lugar, con la salvedad de que no protegen contra el exceso de luz solar.
Para esto, se disponen otras de cristales más oscuros, cumpliendo una doble función; protección contra impactos y como gafa de sol.
Pero si el día está nublado o las condiciones de luz son malas, hay un color amarillo que aumenta esta capacidad y define de forma nítida las piezas a abatir sin sol. En cualquier caso, esta ventaja es accesoria ya que lo verdaderamente importante es la protección ocular contra los impactos de perdigones con trayectoria directa o rebotados hacia nuestra cara.
Las pruebas hechas sobre la resistencia de este tipo de gafas, al impacto de perdigones, son definitivas.
Las gafas se dispusieron sobre un blanco, sujetas con papel adhesivo. De esta forma se apreciaría el plomeo de los perdigones al llegar a su objetivo. Con esta premisa, el primer disparo se realizó a más de 50 metros; los perdigones se incrustaron sobre el papel que hacía de blanco y sujetaba las gafas, que apenas sufrieron daños, quedando levemente marcados 2 ó 3 impactos. Es decir, teniendo en cuenta que los disparos se hacían de forma directa, los daños en el rostro del cazador accidentado, hubieran sido importantes, aunque sin lugar a dudas, los ojos los habría salvado. A una distancia de 30 metros el deterioro de las gafas es mayor, pero no se llegaron a romper ni los perdigones atravesaron la parte frontal de las mismas. La misma operación se hizo a 15 metros con la misma escopeta y munición. Ahora, y por el impacto de los perdigones en la articulación de las patillas de la gafa protectora, éstas se desprendieron del armazón compacto de la gafa, pero sin romperse. Y lo que resulta aún más sorprendente es que bajo ningún concepto los proyectiles llegaron a romper los cristales de la gafa, por lo que se desprende que la seguridad de las gafas es absoluta.
Visto lo visto, y nunca mejor dicho, no hay excusa para dejar de protegernos los ojos cuando vayamos de caza.
Federación Española de Caza
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