Publicidad Portada E-mail
PORTADA -- FEDECAZA.COM
PORTADA -- FEDECAZA.COM
  
© Safarilife 2002. Todos los derechos reservados
Fauna y Medio Ambiente La Caza Competiciones Pesca
  Canal Caza ·· La caza en España ·· Evolución
GeneralidadesLegislación y órdenes de vedaLa caza en EspañaLa caza en el extranjero
ModalidadesDónde cazarElementos para la cazaMundo del perro



La caza en España como en las diferentes partes del mundo se caracteriza por tener unos mismos antecedentes prehistóricos. Es en el periodo neolítico, momento en el que el ser humano empieza a cultivar el suelo y a domesticar y criar animales, cuando comienza la evolución del concepto de caza deportiva tal y como hoy lo entendemos. La caza pasa de ser la única fuente de obtención de aportes proteínicos y elementos necesarios como pieles y fibras, a ser un complemento de la ganadería y la agricultura. Más tarde llegará a representar solamente la "no renuncia a un placer aún existente asociado a una atávica y ya desaparecida necesidad de supervivencia", reservada, en general y durante mucho tiempo, a los grupos sociales más favorecidos.

La afición cinegética de los pueblos prerromanos ya fue testimoniada desde los tiempos de la colonización griega y fenicia de la Península, y escritores como Estrabón, Plinio y Marineo Sículo dieron fe de las prácticas venatorias de los pueblos peninsulares. Se auxiliaban de perros de determinadas y muy apreciadas razas y practicaban la caza como "diversión", para "conservar la agilidad del cuerpo y acostumbrar el ánimo a los peligros" y, también, "como recurso del que usaban para atender a sus necesidades". Más tarde, durante la época romana, la caza llegó a adquirir gran importancia imponiéndose incluso como tributo.

Durante el periodo visigodo parece que las únicas limitaciones al ejercicio de la caza radicaban en la necesidad de que el mismo no supusiese un peligro para las personas o para los animales domésticos por causa del empleo de medios y aparatos ocultos capaces de causar muerte o lesiones. Se deduce también de la legislación vigente en aquel periodo que en los terrenos públicos, y aun en los de propiedad privada no cultivados, cualquier persona podía ejercitar la caza. En la larga etapa de la Reconquista el libre ejercicio del derecho de caza estuvo, en principio, a todos reconocido.

La ordenanza general de 1772 ordenó y armonizó todo lo que anteriormente se había estatuido en materia de caza. Se prohibió la caza de la perdiz con reclamo, ya fuese éste macho o hembra; el uso de lazos, perchas, orzuelos, redes y cualesquiera otros aparatos, armadijos y medios ilícitos, exceptuando las aves de paso, para cuya caza permitía emplearlos. Carlos IV, gran aficionado a la caza, creyó poner eficaz remedio a los abusos que se llevaban a cabo en esta materia dictando, por Real Cédula de 3 de febrero de 1804, una ordenanza general de caza y pesca. Esta norma estuvo vigente, con algunas modificaciones, hasta la publicación del Real Decreto de 3 de mayo de 1834 que fue reemplazado a su vez por la Ley de 10 de enero de 1879 la cual significó una importante reforma en el sentido de la aparición de un verdadero derecho de caza. La Ley de caza de 1902 -que sustituye a la anterior- y su Reglamento de 1903 se enfrentaron con los difíciles problemas que ya entonces planteaba la armonización del aprovechamiento y la conservación de la caza, con el respeto debido a los derechos inherentes a la propiedad de la tierra, a la seguridad de las personas y a la adecuada protección de sus bienes y cultivos.

No obstante, las circunstancias económicas y sociológicas del país se transformaron profundamente en el transcurso del siglo y en 1970 una nueva ley de caza vio la luz en España. En efecto, el auge y el desarrollo de las comunicaciones supuso no sólo el incesante aumento del número de cazadores sino, incluso, el que lugares que antes se consideraban muy alejados se hicieran entonces asequibles para cualquier aficionado; también el incremento experimentado por el turismo, así como la industrialización y comercio de la industria cinegética motivaron un cambio y una radical transformación en la normativa a aplicar.